El caballete:

Escritura semanal de pequeñas historias por un grupo de personas con mucha imaginación y poco tiempo libre.


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cuento: the dreamer

Here I am,
With vain thoughts about imaginary sceneries,
In which she and me have different roles,
Of friends, lovers or strangers;
Dancing in known places of my mind,
Playing the game of love
Of meet and chance
Of sharing and know
Of desire and hesitation,
An unsettled story with always the same end,
A wonderful ending in which she always fall into my arms,
Begging for my lips, overkilled by a crush on me;
But I`m only a lazy man with closed eyes
Feeling an overwhelming necessity of her.
Too tired of facing reality,
In this reality where you choose to hold the hand of him.
I`m only a dreamer,
But I can see, sometimes,
How you, when he is distracted,
Watch over your shoulder to me,
With the same nostalgic face
Of that fatidic day
In which you say good bye.

Written by Daya.dmg

Cuento: el sueño


Palabras desarrolladas pero no mencionadas: Surreal, cadenas, alrededor
Un reloj digital anunciaba las cinco de la tarde en el tope de un moderno edificio capitalino. Me encontraba sentado, como todos los días en el tren camino a casa. Un viaje tedioso y monótono de 45 minutos exactos que servía muy eficientemente para la reflexión y la introspección.  Frente a mí, detrás de mí y a mi lado a su vez se encontraban otros pasajeros sumidos en su propia rutina. Recordé como en mi sueño de ayer en la noche viajé, esa vez caminando, por un sendero gris y verdoso carente de camino. Me alejé del andén cargando mi maletín abarrotado de papeles, cuando ayer en el sueño cargaba un par de harapos viejos, un reloj de bolsillo, algo de alimento y un bastón raído que usaba para aferrar mis pasos. Entré a mi hogar, piso 58, bloque F; tras una puerta herméticamente cerrada con ataduras digitales y de metal. Me recibió una sala de estar en penumbras y la voz de mi computador central dándome la bienvenida. Ayer al soñar, había llegado a un largo terreno donde en el centro quedaba una casa enorme de madera de aspecto desvencijada y antigua; también algo mohosa; donde me quedé a pasar la noche. Pensando en mi sueño me serví una cena precalentada, una merengada proteica y multivitamínica y me entretuve frente a un monitor haciendo algunas labores antes de dormir. Cansado y adolorido por las peripecias de mi vida diaria, apoyé mi cuerpo en las sábanas de mi cama. Ya afuera en el cuadro de mi ventana se asomaba el morado de una noche con luz de luna abundante. Cerré mis ojos.  Al despertar  la luz diurna ya golpeaba mi rostro así que salí rápidamente de aquel lugar, mucho aún tenía que hacer aquel día así que desayuné algunas frutas en el camino. Continué el camino trazado en un mapa desdoblado que estaba entre mis manos, y pensé con cierto aire de burla que si tuviese un vehículo de metal como el de mi sueño de la noche anterior podría llegar mucho más rápido a mi objetivo.

Escrito por Daya.dmg

Cuento: Segundo de quiebre

Palabras: acertijo, verdad , abrigo, correr
Corro por una vereda de sueños pendientes de personas frustradas, con una bufanda de responsabilidades que ata mi cuello y un abrigo de expectativas sobre mis hombros.
Bajo así por una avenida adoquinada que conduce a tu casa, de tejas y fachada raída. Un saludo incómodo, una sonrisa natural, algunos pasos en el parquet. Me dejo guiar mientras me conduces a la cocina y allí observo tu rostro mientras sirves el café. Conversas ligeramente sobre el todo y la nada y después silencio.
Arduo es combatir la facilidad de la cobardía, acallar el miedo que a gritos me advierte que puedo perderte; y decirte así sobre mi lucha. Aguardar en ti alguna reacción, buscando develar alguna pista en el acertijo de tus facciones, que me permitiese predecir la verdad que vacilaría en tu lengua antes de salir. Sucumbir a la posibilidad de que te alejes; a cambio de la oportunidad de ser aquel admitido para silenciar tus labios con un beso cuando me plazca, o de abrazarte sin necesidad de que existiesen excusas.
 Difícil es también silenciar mi corazón, y conformarme a la idea de tenerte solo a distancia, de solo poder admirarte a través de una barrera invisible de dudas, concesiones y formalidades.
Mantengo nuestra conversación viva el resto de la velada y aquello me recuerda lo placentero de aquello a lo que me niego a renunciar.  Invitación en tus ojos, negación en tu voz, ¿cómo discernir entre realidad y perspectiva? Arduo es renunciar al cielo por temer al averno, estar condenado a vivir en una encrucijada de caminos, pero cualquier instante, puede convertirse en aquel segundo de quiebre para tomar una decisión.
Daya.dmg

Cuento: Pensamientos sobre una decisión

Tema: juego
Palabras: víctima, paracaidista
Pensamientos sobre una decisión
Arrebato del alma mía, que dirige mis pasos entre la serie de decisiones que definen mi vida.
Nace de la nada, incinera toda razón, destruye torres minuciosamente armadas con anterioridad, y luego miro desolado las cenizas a mis pies.
Luego cierra sus alas de fuego y vuelve a anidar en una pequeña caverna de mi corazón. Al despertar ella me avienta a un mar de realidades discordantes, solo la imaginación y la retrospección es el paracaídas que evita estrellarme con una vida demasiado complicada.
Soy víctima de mi mismo, lo sé.
 Sin aquella pequeña fiera dudo demasiado de toda decisión, mientras medito palabras que nunca llego a pronunciar las oportunidades se han despedido de mí, algo preocupadas mientras se alejan caminando. 
Nada de lo que soy seré, Así como no recuerdo quién fui ayer ni entiendo quién soy hoy.
La vida está llena de opciones, navego en una combinación específica de ellas, mi propia combinación, por lo que quién dicta quién soy son las decisiones que he tomado, también aquellas que la bestia de mi corazón me arrebata, también aquellas que tomaré, y que desconozco, y la que he tomado al decir esto, mi propia ilusión de libertad.
                Al final la vida es un juego, nacemos, competimos, luchamos por logros, tomamos decisiones, ¿Cuál será el trofeo final de este delicado teatro?

Cuento: El sueño

El sueño

Palabras desarrolladas pero no mencionadas: Surreal, cadenas, alrededor
Un reloj digital anunciaba las cinco de la tarde en el tope de un moderno edificio capitalino. Me encontraba sentado, como todos los días en el tren camino a casa. Un viaje tedioso y monótono de 45 minutos exactos que servía muy eficientemente para la reflexión y la introspección.  Frente a mí, detrás de mí y a mi lado a su vez se encontraban otros pasajeros sumidos en su propia rutina. Recordé como en mi sueño de ayer en la noche viajé, esa vez caminando, por un sendero gris y verdoso carente de camino. Me alejé del andén cargando mi maletín abarrotado de papeles, cuando ayer en el sueño cargaba un par de harapos viejos, un reloj de bolsillo, algo de alimento y un bastón raído que usaba para aferrar mis pasos. Entré a mi hogar, piso 58, bloque F; tras una puerta herméticamente cerrada con ataduras digitales y de metal. Me recibió una sala de estar en penumbras y la voz de mi computador central dándome la bienvenida. Ayer al soñar, había llegado a un largo terreno donde en el centro quedaba una casa enorme de madera de aspecto desvencijada y antigua; también algo mohosa; donde me quedé a pasar la noche. Pensando en mi sueño me serví una cena precalentada, una merengada proteica y multivitamínica y me entretuve frente a un monitor haciendo algunas labores antes de dormir. Cansado y adolorido por las peripecias de mi vida diaria, apoyé mi cuerpo en las sábanas de mi cama. Ya afuera en el cuadro de mi ventana se asomaba el morado de una noche con luz de luna abundante. Cerré mis ojos.  Al despertar  la luz diurna ya golpeaba mi rostro así que salí rápidamente de aquel lugar, mucho aún tenía que hacer aquel día así que desayuné algunas frutas en el camino. Continué el camino trazado en un mapa desdoblado que estaba entre mis manos, y pensé con cierto aire de burla que si tuviese un vehículo de metal como el de mi sueño de la noche anterior podría llegar mucho más rápido a mi objetivo.

Escrito por Daya.dmg

Poema: Creador

Palabras: Tren, respiración, necesidad, maestro.


Amolador de sueños, maestro del tiempo
Toma la ceniza de estrellas y conviértelo en el fuego de una respiración
Toma mi cielo y transfórmalo en suelo
Y que necesidad sea ahora motivación.

Que suavice la roca y que el agua endurezca,
Es tan solo el primer paso de la antigua receta.
Del océano de almas, encierras una en cada ánfora
Y así nace del barro, aquel cervatillo rojo y sacro
Así como el delfín, el tigre o el pájaro.
Y también aquel ingenuo humano,
Que con soberbia ha intentado replicar con sus manos,
El imperio que a Ti te ha demorado incontables años.

Metal ablanda y corazón endurece
Entre engranajes y fuego su ánfora recrece
Sea tren, planeador o barca
Busca aquello que ha sabido siempre sin saber.
Aquel aprendiz Tuyo sin permiso
Aprende de la naturaleza pero no de tus motivos.

Quizás algún día tropiece con la verdad que anhela,
Entender todas las preguntas, saber todas las respuestas;
Posiblemente pase de largo, sin saber de su hallazgo;
Con su mente divagando sobre esa felicidad sin razón que no comprende;
Que en respuestas no se basa y que de incógnitas no entiende;
Seguirá intentando imitar tu magia;
Y algún día tú cansado, tal vez, y solo quizás;
Ese día le cederás tu lugar.

Escrito por: Daya.dmg

cuento: metrópolis de perfección

Tema: viaje
Palabras: antigüedad, compensar, pienso.


“Querida Claire:
Disculpa que no te haya escrito tan frecuentemente como hubiese querido; pero la monotonía que ha recaído en mis días y noches me ha impedido ser capaz de llenar algún papel con un par de hechos mencionables. Incluso ahora no he podido evitarlo, así que notarás que esta carta, lejos de anecdótica, es tan solo un compendio de mis divagaciones más recurrentes.
Los vuelos que realicé no tuvieron nada de particular, fueron tranquilos; y a su vez interrumpidos por pausas en lustrosos y bulliciosos aeropuertos, todos similares y plateados, con abundantes avisos de direcciones y pancartas publicitarias; rodeando infinitas hileras de sillas solitarias.
¿Alguna vez has pensado qué es lo que causa la hipnotizante tristeza de observar el paisaje fuera de la ventanilla mientras se suele pensar una sarta de estupideces que suele parecernos en ese momento altamente trascendentales? Sean montañas, postes eléctricos o el contorno de un planeta azul, el efecto siempre es el mismo.
Y hoy estoy aquí, en una ciudad perfecta. Todo te lo ofrece, transporte, estudio, trabajo, diversión. ¿Quieres teatros? Hay cientos; ¿Quieres cine? Hay miles; ¿quieres un café? Hay millones de combinaciones posibles en millones de potenciales tiendas. Todos estos lugares rodean las calles donde sus transeúntes no saben lo que buscan. A diario observo como la antigüedad y el modernismo conviven sobre los adoquines. Esta ciudad toma además lo mejor del resto del mundo, lo combina con lo mejor de su cultura y nacen muchas caras de la sociedad, y allí está la ciudad ofreciéndotelas en panfletos; escoge la que gustes, puedes elegir.
Pero para mí en esta metrópolis de perfección solo veo reflejada mi propia insatisfacción. Disculpa mi negatividad Claire, sé que me regañarías, pero no me interesa tener millones de teatros; ni regodearme de tomar un café excéntrico que igual me sabe mal. Cambiaría todo este orden y variedad a cambio de vivir en la ciudad más imperfecta a tu lado. En lugar de asistir a un espléndido parque de diversiones totalmente solo; preferiría escuchar tu risa en una interminable cola de banco. Cambiaría mil cenas en un lujoso restaurant a cambio de volver a vivir alguno de los días que quemaste algún intento de postre en mi cocina. Simplemente hay cosas que un lugar geográfico no puede compensar.
Claire, ¿Quieres saber por qué cuando viajamos tenemos esa mirada a través de la ventana? A veces pienso que se debe a no sabemos lo que buscamos; si lo supiésemos, quizás miraríamos al frente.
                                                                                                                                             Tuyo,
                                                                                                                                                    Adolf.”
Adolf acabó de releer su carta. Dobló el papel en su mano con cuidado, hasta convertirlo en un pequeño avión. Desde lo alto de un mirador al mar lo aventó.

Escrito por Daya.dmg

cuento: realidades contrastantes

Escrito el 11/9/2010
Palabras utilizadas: congruencia, secuencia, veracidad
El sol golpeaba su piel con fiereza. Aquella herida emanaba sangre oscura como alquitrán sobre su franela y sus pies no alcanzaban para ponerse de pie. Esperó pacientemente la ayuda; mientras unos chicos tomaban fotos con el teléfono, un reportero captaba la imagen para corroborar la veracidad de los hechos con su jefe, los mayores simplemente le ignoraban y solo los niños lo miraban con inocente curiosidad. Hizo mal, y ahora pagaba por ello con el abandono en una plaza llena de personas que ignoraban su presencia. Cada quien juzgaba bajo el filo de su propia experiencia. Y él mismo sabía, que aquella era consecuencia de haber escogido el camino de las facilidades y de los odiados. Todos juzgaron su pena de muerte, sobre el cemento caliente de una plaza pública, de la forma menos impersonal posible y totalmente solo. Ningún juez consideró congruente la posibilidad de perdonarle la vida en un hospital a aquel que no ha perdonado la vida de otros; formando así, y sin saberlo,  parte de una oscura secuencia de condenas. Otro número en el contador y en la portada de un periódico cercano un hombre adinerado celebra su nuevo triunfo con una sonrisa arrogantemente en blanco y negro detrás de su escritorio; y quizás después pida champagne, que traerá algún sirviente a su solitaria celebración. 

Escrito por Daya.dmg

Tigre en un bosque de bambú

escrito con las palabras: alerta, innecesario, parsimonia.



Podía sentir la tierra vibrante y cálida entre mis dedos. Cada pisada me unía a mi madre tierra; yo la sentía a ella, y ella me podía percibir a mí. Me desplacé en una antigua danza en la maleza. A su vez, mi vista se entornó en la oscuridad; descifrando las sombras. Mi mente estaba en un estado de alerta natural, como si de un trance se tratara. Allí frente a mí, vi a mi víctima, con el pelaje color rojo como el fuego; un cervatillo inocente que ignoraba mi presencia. La parsimonia que engalanaba mi marcha confiada entre los bambúes se esfumó; y todos mis músculos se contrajeron. Ningún movimiento innecesario acompañaba mi ritual: yo era uno con aquella tierra; y ella era parte de mí. Avancé en mi camino como agua vertida en su cause; natural y sin forzar. Siguiendo mi instinto; con la cabeza gacha y mirando entre la maleza, utilizando todos mis sentidos, solo mirando mi presa, sentí aquel segundo alargarse como si de una eternidad tratase; haciendo que mis movimientos se ralentizaran como el alquitrán mientras los bambúes vibraban agresivamente, chocando unos con los otros a mi paso. El suelo se rasgó violentamente y quebró la paz y equilibrio de aquel santuario, donde las aves huyeron en bandadas negras contra el cielo. Entre la maleza vi aquel depredador de metal y fuego que me había vigilado desde el principio de los tiempos y supe que yo solo era un eslabón del ciclo natural.


escrito por Daya.dmg

Cuento: Un día diferente

Palabras utilizadas: paradigma, sombra y solitario.

Yo era una persona estándar, mis aspiraciones eran comunes, y mis temores, ordinarios. Mis pasos por la rutinaria vida eran como un reloj, siempre enmarcados en el mismo círculo. Que frágil aquella falsa estabilidad, cuando irrumpió en mi vida la muerte.
            Caminaba yo por la misma calle de todas las mañanas rumbo al trabajo cuando la vi, frente a mí a un par de metros de distancia. Nadie más la veía, solo yo era capaz de vislumbrar el aura obscura como sombra que emanaba y su figura de lobo negro con brillantes ojos amarillos.
            Me detuve de golpe al verlo y frente a mí cayó una viga gruesa y pesada proveniente de una construcción. Empapado en sudor frío salí corriendo en cualquier dirección menos la usual. Lo vi otra vez a mi costado mientras corría y a duras penas pude esquivar un coche sin frenos que casi me arrolla. Seguí corriendo y llegué a ver a aquel obscuro animal en las escaleras del tren, en callejuelas solitarias, en ventanales de tiendas, etc. Hasta que  dejó de perseguirme y pude recobrar el aliento. Falté por primera vez al trabajo, por primera vez tomé una ruta diferente y por primera vez experimenté verdadero miedo.
Me refugié en una plazoleta a observar con detalle la luna, me percaté que no lo había hecho desde mi infancia; cuando solía hacerlo con frecuencia. Apareció entonces un zorro blanco sobre los adoquines de la plaza y se aproximó a mí. Me resultó curiosamente familiar.
Me explicó que su nombre era Yurugu, El maestro de la adivinación; la única criatura que conoce la primera palabra de Dios. Me dijo que él y yo habíamos estado unidos desde mi nacimiento por hilos invisibles; y que todo lo que había visto era la habilidad con la que había nacido para las premoniciones; por lo tanto al despertar, lo que había soñado iba a ocurrir. Justo a esta hora debería estar debajo de una viga, sin embargo gracias a este paradigma cambié un poco los planes y ahora sostengo un boleto de tren en una mano y un pequeño maletín con ropa en la otra.
-Hoy será un buen día, lo presiento –dije tomando el asiento al lado de la ventana.

cuento: Existencia cíclica

Palabras utilizadas: final, extensión, alquimista


Fui transeúnte de una serie de hechos  que conformó mi existencia. El avance fue constante por un camino lleno de la espesa bruma que conformaba el saber colectivo. Existí sumergido en algo similar a un océano, cáliz burbujeante de vida, donde todos han estado, están o estarán; aquel cosmos de almas. A los 84 años, 3 meses y 17 días, finalmente me detuve de avanzar, volteé y observé la superficie desde la costa aquel líquido brumoso, lleno de transeúntes de ojos cerrados. Supe entonces que aquel había sido el final.

Me encontraba luego en el centro de una humareda, material de sueños, que me rodeaba de forma  tentativa, torpe y sinuosa. Aprendí con el tiempo a desplazarlo con mi propia voluntad; a hacer de aquella bruma la extensión de mi cuerpo, y moldearla a mi antojo. Aprendí que ella podía moldear mi realidad, podía crearme un universo, una ciudad, un bosque o una silla si así lo deseaba; y así fui alquimista del sueño llamado realidad. Con el tiempo aprendí que los caminantes que salían del lago también tenían aquella capacidad, pero aquel magnánimo poder sin ningún control se devolvía muchas veces en su contra; moldeando su realidad a la continuación de su vida, sin enterarse así que habían emergido de aquel cáliz alguna vez para conocer este nuevo limbo. Vivían así entonces, hablando con fantasmas de humo acerca del trabajo, la guerra, la cena o el amor; hasta que se encontraran nuevamente con aquel mar y sin fijarse en el camino volvían a estar adentro.

Como a todo ser omnipotente empecé a juguetear con mis propios límites: Aprendí que del sueño, la imaginación y la creatividad nacían nuevas almas, jóvenes y dichosas que se sumergían irremediablemente, sin poder conversar con ellas previamente. Me sentí dichoso y satisfecho con el poder creador adquirido, y un orgullo paternal se apoderaba de mí cada vez que creaba nuevas vidas. Jugaba a pintor, los hacía a veces similares a mí; en otros momentos buscaba nuevas combinaciones y los liberaba; y descendían como copos de nieve; brillantes y redondos como luciérnagas.
Ahora, tanto tiempo transcurrido de aquello; me encuentro ya cansado de mi soledad.
Desciendo a las aguas nuevamente y me empieza a abarcar el olvido.
Supe así que aquel había sido el principio.
 Escrito por: Daya.Dmg

3 metros

Palabras utilizadas: Peripecias, ciego, despertar, fantasma
Intento de escritura como Sarasnake


Debato en mi interior si tan solo me permito contemplarte un segundo más. Mi mirada huye hacia tí y sin embargo ocultas la tuya con nerviosismo, ciego a mi presencia; sé que si volteo nuevamente sentiré el fantasma de tu deseo tocando mis hombros y ello me hará voltear. Así ha sido la dinámica de nuestras miradas en este juego de fuego en el que ambos nos hemos sumergido. Basta con que mires distraído la ventanilla para regresar a tu lado en imaginación, al observarte, al contemplarte aquí, desde los 3 metros que nos separan. No debes decir nada, basta callar, como haces todas las mañanas desde que nos vimos por primera vez; y así se inicia la danza de las indecisiones que protagonizamos nosotros, solo nosotros en este curioso escenario. Este juego de decir y no decir. A veces yo doy un paso pero muy tarde descubro que te vas. A veces tú acercas un paso pero algunos viajeros obstaculizan estos 3 metros que nos tienen cautivos. Estamos destinados a estas peripecias amor, y al muro invisible que nos mantiene distantes. Entre ceder y no ceder, estamos atados a buscarnos cada mañana con la mirada, y a despertar cada día con la ilusión de acortar la distancia; y así saciar nuestra curiosidad de la voz del otro. Pero mientras vivimos nuestro ritual, el vagón frena en la siguiente estación y ambos nos bajaremos amor, como siempre, y seguiremos con nuestras vidas.

Daya.dmg

Cuento: Semblante

Palabras utilizadas: 
complacencia, roce, descubrir, sorprender


      Avanzo por cámaras sombrías de mi subconsciente; dejando atrás numerosos corredores, plazoletas desiertas de mi niñez, desvanes llenos de temores, bodegas de sabores, aposentos para sueños y metas, alcobas de seda para mis fantasías. Asomo mi cabeza en aquellos vestíbulos donde todos aquellos que conozco se encuentran de pie mirando fijamente mi rostro, les sonrío con complacencia a aquellos espectros de mi mente mientras continúo mi camino. Cruzo por un callejón de cosas olvidadas, donde rozo con la palma de mi mano una vieja bicicleta, la jaula de tórtolas de la casa de verano, el libro que nunca devolví, el cenicero humeante del abuelo, la radio desvencijada que cantaba boleros, todo lo dejé atrás y me senté en una solitaria estancia, llena de los cuadros que pinté en aquellos tiempos de juventud. En una repisa de caoba empolvada reposaban los libros que he leído, discos que he escuchado, cartas que he escrito. Un río serpentea lascivo a mis pies y el primer perro que tuve brinca despotricado sobre el agua queriendo arrancarle la cabeza con el hocico como si fuese algún antiguo ritual. La materia a mi alrededor se transmutaba como el humo de un incienso cuando cumple su labor en alguna esquina.  A pesar que no es la primera vez que vengo aquí, siempre me sorprendo al descubrir aquello que vine a buscar. Frente a mí observo un rostro, lo escucho, lo huelo, lo  saboreo, siento aquel  rostro; todo ha desaparecido y solo está él. Aquel conjunto de facciones me invade y yo lo invado. Aquellos ojos cerrados, pestañas cubiertas de escarcha blanca como nieve, labios algo quebrados y secos, pómulos pálidos y una nariz que respira lentamente. Rozo con el poder de mis recuerdos, moldeando cada detalle; perfeccionando mis propias divagaciones. Perfecciono la curva de su perfil y la caída en su garganta. Contemplo durante un tiempo infinito aquel semblante. Aquello lo era todo: cielo e infierno. Pero es hora de regresar a donde pertenezco…
Apago el despertador con la palma de mi mano y abro los ojos.

por: daya.dmg

13° ronda de cuentos: Significado de la guerra

palabras utilizadas: reminiscencia, palabras, trueno. Tema basado en la guerra


Luego de días de apacible camino, éste se abrió a una meseta de yerbas bajas; y cuando la noche cayó sobre la bóveda celeste encendimos allí un fuego para detenernos a descansar. Mi maestro comenzó a narrar un antiguo proverbio.
-Escuchad atento a esta historia; que es la historia misma del hombre” dijo él y comenzó la narración.
            Érase una vez un hombre de corazón puro, en un mundo donde abundaba maldad. Era apreciado como un hermano bondadoso y justo; dentro de un mundo donde un tirano reinaba y movía títeres a donde le placiese. Aquel tirano debía su poder gracias al miedo que infundaba a sus súbditos; dado que todos temían desafiarlo.
            Una fatídica noche sin luna, caminaba el hombre bondadoso, llamado Ryan, rumbo a su hogar con un poco de pan. A mitad de trayecto sus facciones se crisparon y soltó al suelo los alimentos que llevaba, al observar con horror que en la penumbra del camino un soldado golpeaba a muerte a su hermano menor. Ese día algo se quebró dentro de él, y juró por su vida que lucharía por un mundo donde aquel fatídico hecho no se repitiera jamás. Soñaba crear una utopía en la cual nadie presenciase nunca más el asesinato de un hermano.
            De allí en los días venideros Ryan consagró luchadores a su misión; y las almas de buena voluntad creyeron ciegamente en él. Iniciaron resolviendo con justicia propia los problemas de aquel asentamiento humano al que pertenecían; sin embargo Ryan aspiraba mucho más; quería que aquella utopía de justicia llegase mucho más lejos. Así fue como 4 ciclos lunares después relegó allí a hombres de confianza para cuidar de aquel lugar y él y un numeroso séquito avanzaron a pueblos aledaños.
            El camino lo colocó frente a un soldado de ojos oscuros y de injusto proceder; y Ryan con su misericordioso corazón le perdonó la vida; sin embargo liberarlo ocasionó que poco después fuesen atacados por una emboscada de sus enemigos; y Ryan tuvo que presenciar la caída de muchos de los suyos por culpa de aquella decisión. Así que cuando se enfrentó nuevamente ante aquella diatriba; el dolor de sus pérdidas no lo hizo dudar de acabar con la vida de aquel nuevo títere que se había cruzado en su camino. Y así fue como Ryan manchó sus manos de sangre por primera vez. Supo así como este líquido se retiraba fácilmente de entre los dedos pero tan difícilmente de la memoria, mucho menos de los sueños que acosarían sus noches por el resto de sus días.
            Durante 12 ciclos lunares obtuvo mucho más apoyo del que nunca imaginó y como inexperto líder debió aprender a manejar el furor y el deseo de venganza de multitudes a favor de su meta. Al principio temió no poder contenerlo correctamente, sin embargo al ver las victorias que le otorgaba contra sus enemigos supo que era bueno y se hizo a la idea que no alcanzaría su utopía sin aquel poder.
            Aprendió que si hablaba de su utopía, del valor de conservar a los seres queridos, de evitar el sufrimiento de perderlos la gente no lo escuchaba. Así que ocultó su móvil dentro de su corazón y de su boca solo salió las palabras que su séquito quería escuchar: derrocar al tirano que los subyugaba.
            22 ciclos de luna después sería su espada la que atravesaría sin remordimiento el corazón de aquel dictador, y sería él el que mostrara su cadáver ante un tumulto enardecido, rodeado del trueno de los gritos de euforia. Pero que elevado precio ha debido pagar: ha debido amordazar su corazón, aquello que lo hacía puro, y así perdió su alma; para ser el títere de hielo para su misión. Ha debido acallar a su corazón y a parte de su razón tan solo para que tanta sangre y destrucción no quebrantara su cordura y así continuar la lucha.
            Al darle a su pueblo lo que ellos deseaban, la cabeza de aquel tirano, se sintió merecedor de suplantarlo en liderazgo, y es que en más nadie podía confiar para aquel papel tan contundente en su misión, ¿pero qué temple del alma sería necesario para evitar la seducción del poder desbocado?
            Ryan recorrió personalmente las calles impartiendo su propia justicia a todos aquellos que habían apoyado el anterior régimen de injusticias. Así fue como en una de sus rondas, cuando ya anochecía, en la bestialidad de su nuevo ser golpeó a un hombre que sospechaba culpable. Escuchó un ruido seco cerca de él y alzó la mirada para observar incrédulo a sí mismo, con el rostro crispado frente a él y dejando caer algunos alimentos al suelo. Bajó la mirada y en sus brazos se encontraba el cadáver de su propio hermano y entendió, al fin, en medio de una desbocada ola de sentimientos; causado por la reminiscencia de los recuerdos a flote, que había olvidado el motivo puro que lo había impulsado alguna vez, y entendió que la guerra solo te transformará en aquello que aborreces.

Escrito por: Daya.dmg

12° ronda de cuentos: Oda del alma

Tomo prestada la inspiración de Aquiles Nazoa y su texto de "El credo" para escribir esto.
SI tienen oportinidad, lean a este autor.


Palabras utilizadas: luna, alcance, vino.

Creo en la madre naturaleza, todopoderosa; creadora de la vida.
Creo en el hombre, el no menos importante de todos sus hijos; que nacen, aman, luchan y mueren;
Creo en el bien y el mal como creaciones primogénitas del hombre.
Creo en el alcance de los sueños como condimento de la vida, así como creo en la verosimilitud de la vida como condimento del mundo de los sueños.
Creo en los Ainu, elfos, enanos, orcos y hobbits que poblaron un mapa acartonado en la mente de un inglés con imaginación.
Creo en el zorro que extraña a su pequeño príncipe cuando contempla un sembradío de trigo.
Creo en los cronopios, que acarician el cabello suave de los recuerdos, cuando estos pasan corriendo dentro de la casa o azotan las puertas de la memoria.
Creo en el sol y la luna como amantes de un romance frustrado a la altura de Shakespeare.
Creo en la soledad hogareña de Asterión.
Creo en el néctar, antiguo vino, que recolectan las abejas de las junglas de asfalto.
Creo en el protagonismo de los recuerdos en la felicidad.
Creo en el poder de creación y destrucción de la ciencia.
Creo en la magia que acaricia las hojas cuando caen de los árboles.
Creo en la música, el arte y el amor como evidencia de la existencia de alguna humanidad.
Creo en el alma, en la panacea de las segundas oportunidades, en las emociones que aceleran mis latidos, en las propiedades mágicas del sereno nocturno, en  el poder de la voluntad, en los renos voladores, en el silbón del llano, en el altruismo del corazón, en los milagros;
Y creo en mí mismo.
AMÉN


Escrito por Daya.dmg

11° ronda de cuentos: Divagaciones de un viajero temporal


Palabras utilizadas: Mano, creación, energía
Requerimiento adicional: un viaje temporal

Veo luminosos reflejos de antiguas memorias encandilar mis pupilas. ¿Es acaso el tiempo, un omnisciente árbol, que se ramifica a partir de las decisiones; o una línea; trazada tal cual una película donde no decidimos, pero aun así somos actores del más antiguo teatro? ¿Qué ocurrió con el tal vez prometido? ¿Acaso solo fue ilusión de lo que llamamos libertad? ¿O nos observa paciente desde otra rama, u otro escenario donde nosotros pero no nosotros interpretamos/interpretan otro acto que nunca presenciaremos? Tantas opciones, tantas posibilidades que diluyen como agua entre nuestros dedos; pero ciegamente sabemos escoger nuestro camino ¿O es que acaso él nos escogió a nosotros para interpretar nuestro papel? No lo sé. Pasé mi vida preguntándome, y mi papel en esta obra me ha traído aquí. Aún en el silencio que confiere la inmensidad del universo en su majestuosa soledad hablo como si alguien me escuchara, una costumbre de cuando aún vivía con los humanos. Hace ya mucho tiempo, si es que en este punto vale la pena contabilizarlo, estudié a fondo los principios físicos que rigen nuestro universo; y con tecnología que tardó milenios en ser descubierta pude embarcarme en un viaje particular. Lo resumiré de forma simple: el tiempo es espacio en movimiento; y el espacio es tiempo detenido. A todos los entes vivientes e incluso los semi-vivientes que han sido descubiertos en el universo conocido todos han poseído la habilidad innata de viajar en su espacio euclidiano y de percibir las tres dimensiones con naturalidad. La mayoría tenía percepción del tiempo; aseguraban su existencia aún sin poder verlo directamente y mucho menos controlarlo. Una noción; una sospecha. Algo que no podemos ver pero que es causa de nuestra existencia; de toda existencia; y es que gracias al tiempo el universo no es como un cuadro inmóvil, dado que los cambios solo existen gracias a que existe el tiempo, y el tiempo solo existe gracias a que se dieron cambios.
En fin mientras otros utilizaban sus manos para crear más y más fuentes de energía o fuentes de creación y destrucción yo me encaminé a responder esas preguntas abandonadas; utilizando todos mis conocimientos. Me abastecí de la cultura y tecnología de cada civilización que conocí y al final de ese camino pude hacer algo que más nadie en todo el universo conocido había podido hacer: viajar en el tiempo. ¿Cómo? Si somos capaces de desplazarnos en el espacio euclidiano, y este a su vez se desplaza en el eje temporal; sacrifiqué mi capacidad de moverme espacialmente para poder deambular en la línea del tiempo por cuenta propia. Ello conllevó a una sensación de vértigo al ser espectador de como mi planeta se iba alejando de mí, paralizado en mi posición mientras él recorría indiferente su desgastada órbita. No supe como desplazarme en este nuevo eje al que pertenecía, el tiempo para mí se desplazaba igual que siempre mientras observaba el día a día del universo desde mi infinitesimal punto de vista. Vi mi planeta pasar año tras año cerca de mí antes que el sistema entero se alejara lo suficiente. Lo vi cambiar durante años de su tiempo y luego se marchó Posteriormente adquirí la capacidad de viajar, así que retrocedí a los días primogénitos del universo; donde me encontré en un vacío asfixiante siendo golpeado por una ola de material plasmático; la ola de expansión del universo llegando a mi ubicación. Tuve miedo de retroceder más a pesar de que me carcomía la curiosidad, un diferencial de tiempo en aquel vacío aniquilador había ocasionado en mí arcadas de mareo (netamente psicológico, no sé como expresarlo) por el inmenso vértigo. Supe entonces que aquello no aconteció para ser presenciado y emprendí mi viaje hacia adelante. Desde las coordenadas que me albergaban observé las galaxias crearse y disiparse; moldearse como nubes, fusionarse y volverse a separar. A veces pasaban por donde me encontraba y podía observar estrellas y planetas. A veces podía atravesar alguno y observar su núcleo interior brillar como una llama.
Me alejé hacia el futuro. Lo suficiente para el nacimiento y ocaso de millones de civilizaciones (solo pude ver unas cuantas por mi limitación espacial) y me acerqué a la época del auge de los agujeros negros. Algunos implotaban y generaban una nueva ola de material plasmático y de alta energía que se acercaba a mi de forma furiosa y me atravesaba como humo, indiferente a mi existencia, para seguir su camino. Una porción de ese material era tragado por otros agujeros negros, que engordaban y engordaban en base a destrucción.
Llegado a ese punto fue cuando por primera vez quise regresar, sin saber que se trataría de una tarea titánica. Ello por que el tiempo no es lineal como presentía si no que podía moverme en, creo yo, dos ejes (un plano). Así que hasta ese punto no sabía cuanto me había desplazado lateralmente en mi ignorancia. No podría decir cuanto ha transcurrido desde entonces, por que para mi no transcurre el tiempo, si no que yo transcurro en él; pero para mi consciencia, lo único activo en este viaje, ha sido milenios de búsqueda. El miedo de no poder regresar me invade de vez en cuando, dado que parece que no puedo morir, solo me esperaría una eternidad como el solitario espectador de esta magnificente obra de teatro; y sentía como la locura se asomaba en los bordes de mi consciente; ante la fatídica ausencia de todo aquello para lo que mi cerebro fue diseñado: movimiento, interacción con otros, decisiones, etc. En mi búsqueda observé mi planeta ser escenario de eventos que nunca ocurrieron ni ocurrirían en aquel en el que existí. No supe explicarlo, así que continué el recorrido. Pero pude regresar. Al fin pude llegar a las coordenadas temporales en los que abarqué el viaje y sentí el peso de mi cuerpo, por primera vez en... milenios y a su vez en milisegundos, y éste me hizo descender y golpear contra el suelo. Oh gravedad, ya no te recordaba. Mis miedos se esfumaron y me abracé a mi cordura. Tardé un poco en aprender a moverme nuevamente, aquel conocimiento empolvado y anhelado. Algunos compañeros me alzaban en el aire y me colocaban en una camilla.
-¿Estás bien UL1-55e5? –Preguntó uno de mis compañeros – Fue una dura caída.
-UL –otro de mis compañeros me miró significativamente. Lo sabía, lo recordaba ahora con más claridad, estaba preocupado, si este experimento no funcionaba, cancelarían el proyecto y no se haría más inversión en nuestro humilde laboratorio; ese capital alimentaría nuevamente las herramientas para crear fuentes de energía, quizás algún acelerador interplanetario.
-Fue un fracaso HTY –mentí con todas mis energías en poder hablar nuevamente. Desvié mi mirada. Él estaba tan destrozado y decepcionado como lo hubiese estado yo en su lugar tan solo 5 minutos antes.

Escrito por Daya.dmg 

10° ronda: El costo del olvido



Palabras utilizadas: Nihilismo, sendero, onomatopeya (paf), naturalización.

-Puedo hacerte olvidar –dijo aquella persona enigmática frente a él. Lanzó un suspiro quebrado, y es que era incapaz de asimilar su propia realidad. Había realizado aquella búsqueda impulsado por la desesperación y luego sus pasos lo habían guiado allí de forma autónoma.
Y es que Adolf siempre había sido un ciudadano común, dedicado a su trabajo, nihilista, a veces poeta, menos veces músico, y nunca fumador. Así que su buen juicio negaba aquello, sin embargo el dolor tiene la curiosa propiedad de nublar el buen juicio, y te impulsa aferrarte a posibilidades en las que antes no creías; con tal de no naturalizar el dolor como un nuevo inquilino en tu vida.
Y es que hace 5 meses que Claire había cerrado sus ojos, y él no había podido contemplar el precioso color ámbar que adornaba su iris. Cuando descendía por el sendero que lo llevaba al trabajo ya ella no lo esperaba en el cruce de la calle 12 para encaminarse juntos. Ya no cocinaría postres para él. Ya no se sentaría con ella en algún local de la calle del teatro a tomar café y hablar de todo y de nada. No podría volver a quejarse de su desmesurado amor por los gatos o por su falta de puntualidad todos los sábados para ir al parque que quedaba cerca de la calle 15.  No podría volver a escuchar los latidos de ella recostado en su pecho ni el “paf” de la puerta por su mal hábito de aventarlas al estar apurada.
-Entonces… ¿podría olvidarla por completo? ¿Así “mágicamente”? –su falta de credibilidad aún resonaba en su cerebro y si demoraba más tiempo se convencería de que era un idiota por estar ahí –entonces ¿qué debo hacer?
-Solo debes tocar este objeto, y él retirará todos los recuerdos que tengas de ella –dijo la otra persona, colocando algo sobre la mesa de aquel reducido salón. Adolf intentó reconocer qué era, pero lo reconoció como un libro, una lámpara, un tigre, una ola. Se sintió mareado y confundido así que desvió su mirada.
-¿Cuál es el costo? –preguntó Adolf pensando en dinero. La otra persona fijó su mirada en él.
-El costo es el sendero, así como lo es el cruce de la calle 12, el color ámbar  o la calle de los teatros, o los gatos; el parque de la calle 15 así como lo es el sonido de un corazón que late o una puerta que resuena –sentenció –La olvidarás, lo que disipará el dolor; pero todo tiene su costo, y todas esas cosas que te recuerdan a ella perderán el significado que tienen para ti. Pasarán a ser solo partes de una ciudad, ruidos o cosas comunes.
Adolf vaciló un momento sumido en su profunda desgracia.
-Muchas gracias –dijo él. Tomó su sombrero y se marchó sin mirar atrás.

Escrito por Daya.dmg

5° ronda: Yin Yang

Palabras utilizadas:
 Yin Yang; ruido, hermandad.

                Toda su vida había cargado con incertidumbres. Todo despertar lo embargaba de dudas; que no se dispersaban hasta enfocar con totalidad la mente en el entrenamiento de espadas. La fuente de sus incógnitas era otro hombre; aquel que le miraba desde el espejo.  Tenía sus mismos ojos marrones, su misma cabellera desordenada y portaba en su pecho el mismo emblema familiar: el símbolo del Yin Yang. Era igual a él y a la vez opuesto. Mientras los reflejos de las demás personas obedientemente mimetizaban a su portador, aquel joven del otro lado del cristal le desobedecía. A veces escapaba largo rato fuera de su vista y a veces se le quedaba viendo fijamente como realizaba alguna actividad.  Su mirada a veces era triste; o nostálgica, de vez en cuando le dedicaba una media sonrisa furtiva de confidencia. Por ello solía evadir los espejos; sin embargo a veces en soledad espiaba alguno como si se tratase de una ventana, y observaba al otro deambular tranquilo por la estancia dentro del espejo; o sentarse en un diván (que a él también solía gustarle) a leer algún libro de derecha a izquierda; de vez en cuando hablar con algún otro reflejo. A veces incluso se preguntaba si el que estaba dentro del espejo era él.
Y lo que más le confundía era que al dormir soñaba ser el otro, a veces incluso recordaba haberse visto a sí mismo desde el otro lado del espejo; y al acabarse el sueño era cuando aquel similar a él cerraba sus ojos también para soñar ser él despertando. Oscilaba entre ambas existencias sin saber ya cual era real y cual creación; siendo la misma persona y a la vez muy diferente.
Había notado a lo largo de los años sus diferencias.
Él era abnegado al entrenamiento marcial y de guerra; el otro rehuía esos deberes a cambio de tenderse a meditar en el pasto.
Él era frío, rígido e introvertido; el otro era benevolente y solía jugar con sus sobrinos; reír con ellos en su espalda.
El tomaba decisiones rápidamente; el otro solía ser indeciso.
Él se enorgullecía de representar al clan; y de ganar sus victorias; el otro era indiferente a esa fidelidad.
Él solía ser infeliz por los grandes problemas; el otro solía ser feliz con pequeñas soluciones.
                Aquella otra mitad acababa cada día con su juicio; por lo tanto una tarde utilizó la totalidad de la magia que le fue conferida para atravesar el umbral de cristal que los separaba. El otro se levantó del diván a causa del ruido y lo encaró preparado, recordaba haber planeado eso en su sueño. El otro intentó esquivarlo pero logró matarlo algunos segundos después. Ensartó la espada en el pecho de su reflejo, justo en la mitad del emblema familiar; y sintió a su vez el dolor del metal en su corazón.
                Los ancianos de la hermandad mandaron a recoger el cadáver con la incredulidad marcada en el rostro. Habían tenido fe en aquel heredero; sin embargo a lo largo de las generaciones no todos habían logrado lidiar con ser los únicos en conocer los dos lados del corazón humano.

Escrito por: Daya.dmg el 26/mar


4° Ronda: lazos desconocidos

Palabras utilizadas:
ciudad, resultado, librero


José es un ciudadano común. Un ciudadano común que frecuentemente compra pan en la pastelería de la avenida victoria.
El panadero de la pastelería de la avenida Victoria después del trabajo suele ir al bar de la calle sur, y suele hablar con el dueño sobre su ex esposa.
En el bar de la calle sur el librero, dueño de la librería antigua que queda al final de esa misma calle, maldice los resultados del futbol viendo una televisión anticuada.
 En la librería antigua que queda al final de esa calle José siempre ve los libros expuestos en la vitrina cuando va a trabajar, la ex esposa del panadero compra cigarros, y David, hijo de un abogado con oficina en la calle París, compra con su mesada libros de música.
Por comprar esos libros David tiene una deuda en la pastelería de la avenida Victoria, donde suele desayunar antes de ir a clases de derecho, en la Universidad BrittiSH
La universidad de BrittiSH es frecuentada por José,  que visita a su novia, la profesora de David, Mary; la cual es amiga íntima de la ex esposa del panadero y suelen fumar y desahogarse juntas en la plaza Prócer.
Por la plaza Prócer pasa David todos los días rumbo a las clases de bajo que toma en secreto de su padre, que lo desaprobaría de ello; mientras que a esa hora el dueño del bar pasa por la misma zona en dirección contraria; con una carpeta ataviada de papeles burocráticos bajo el hombro.
José no conoce a la mayoría de estas personas; eso es una ciudad.

Escrito por Daya.dmg el 19/mar

3° Ronda: El trabajo del rey

Palabras utilizadas:
Ajedrez, llegada, lluvia


          Fueron varios los presagios que anunciaron al vigía solitario de la torre la llegada de la lluvia. El cielo se había matizado de rojo, siluetas negras de aves graznaban nerviosas en su migración, una brisa fría e impetuosa azotaba los bajos matorrales y aglomeraba nubarrones morados en el este. Unos soldados se habían reunido ante el fuego a comer rodajas de pan, mientras se escuchaba la risa de una vanidosa reina dentro de sus aposentos de seda. Jinetes maldecían el advenimiento de una tormenta, el terreno de guerra empozado los mantendrían zigzagueando en “L” y disminuiría la eficiencia de sus caballos ante el enemigo. El alfil discutía estrategias en tienda de campaña, portando erguido el emblema de su casa: un elefante color marfil, contra una superficie verde brillante y pulcra. Ante él, un rey fastidiado oía sin escuchar sus planes, de todas formas él solo vería las espaldas de su pueblo en cobardía impotente. Sin embargo sobre sus hombros recaía un peso mucho mayor al de una guerra y solo él lo sabía; no solo una victoria o una derrota, su muerte, o la de su eterno enemigo,  desembocaría el peor de los hechos, el peor castigo para su pueblo  y para los otros: desaparecerían. Todo terminaría sumergido en el olvido y su existencia, sus motivos, su individualidad, se volverían polvo. Ese pequeño mundo detendría su girar y se desvanecería, así como lo hacen galaxias enteras en el universo, para dar paso a nuevos mundos, a nuevos pueblos, y a nuevas guerras. Todo emergería de nuevo sin recuerdos, y sin saber el motivo de su conflicto. Por ello este agotado rey, en la parafernalia de una guerra eterna, temía a la victoria tanto como la derrota, así que a veces modificaba los mapas del alfil que se desvivía planificando el ataque  final, o retardaba la movilización de tropas por cualquier parafernalia, a veces daba órdenes contradictorias para generar caos en las filas. Todo esto también lo repetía su ecuánime. Entorpecía o extendía la batalla en un silencioso pacto con su vecino rey. No quedaba nada por qué luchar, solo por seguir existiendo, pero para combatir el agotamiento de tan pesado trabajo, a veces, mientras sus esposas parloteaban de banalidades vacías ellos se reunían en tranquilas tardes a jugar ajedrez.

Escrito por Daya.dmg el 12/mar

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