El caballete:

Escritura semanal de pequeñas historias por un grupo de personas con mucha imaginación y poco tiempo libre.


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17º ronda de cuentos: CONVERSACIÓN


-¿y bien, como ha estado todo?- dijo ella con la mirada fija en el otro lado de la calle, donde una niña compraba feliz un helado
- no mucho en realidad, trabajando- respondió el incapaz de dejar de mirarla, temiendo que su mente le estuviese jugando algún tipo de truco
- ¿hasta cuando lo harás? Llevas mucho tiempo en eso- la niña ya se había marchado pero ella aun seguía atenta mirando la vitrina de la heladería como si fuera lo único verdaderamente importante
- no puedo evitarlo, es un contrato recuerdas? Pero el mapa ya casi está completo así que pronto quizás pueda obtener algo a cambio- su mirada absorta en el ondulado atardecer del cabello de quien estaba a su lado
- cierto, ya casi lo había olvidado- dijo ella, bajando la mirada hacia su regazo, donde una flor menuda y pálida reposaba por un instante- mi extensión no funciona muy bien últimamente, olvido cosas, me pierdo en lo familiar, tardo mucho mas que antes. No se que sucede, supongo que esto pasa cuando dejan de recordarte, de pensarte, de ser relevante…
- tu sigues siendo todo eso para mi, quizás estos humanos ya te han olvidado, se han buscado nuevos dioses con nuevos nombres y otros trajes pero para mi, tu sigues existiendo…-un nudo cerro su garganta y el suave aroma a jazmín recorrió libre todo su ser, impregnando cada recodo de su alma añeja- si solo te decidieras de una vez… no repetiré la pregunta, pero aun espero tu respuesta
-soy una extensión de ellos, por ellos es que existo, si sigo aquí es porque ellos aun creen en mi, su fe es lo que me mantiene aquí- sus ojos ahora miran directamente los de él, lo atraviesan dejando escapar una lagrima efímera- tu tienes tus formulas, tus frascos llenos de sustancias inútiles e indispensables, yo tengo su fe, cada uno existe a su modo
- mmm... no lo sé, quizás, pero pronto quedaras en el olvido y allí morirás, eso lo sabes, este hombre no vivirá mucho mas
- jajaja y acaso crees que tus trucos si lo harán? Somos seres en extinción mi querido alquimista. Yo, en mi trono olímpico, tú con tus libros empolvados, tu piedra inexistente y tu panacea oculta. Si respondiera tu pregunta, dejaría de ser su extensión para convertirme en la tuya. Y esto, ¿no seria acaso el final de todo?
- el polvo se sacude, con la piedra he logrado comprar mi libertad y mi panacea se encuentra sentada junto a mi… el final dices, quizás el comienzo diría yo, quizás solo el comienzo…
r.asuaje

cuento: Existencia cíclica

Palabras utilizadas: final, extensión, alquimista


Fui transeúnte de una serie de hechos  que conformó mi existencia. El avance fue constante por un camino lleno de la espesa bruma que conformaba el saber colectivo. Existí sumergido en algo similar a un océano, cáliz burbujeante de vida, donde todos han estado, están o estarán; aquel cosmos de almas. A los 84 años, 3 meses y 17 días, finalmente me detuve de avanzar, volteé y observé la superficie desde la costa aquel líquido brumoso, lleno de transeúntes de ojos cerrados. Supe entonces que aquel había sido el final.

Me encontraba luego en el centro de una humareda, material de sueños, que me rodeaba de forma  tentativa, torpe y sinuosa. Aprendí con el tiempo a desplazarlo con mi propia voluntad; a hacer de aquella bruma la extensión de mi cuerpo, y moldearla a mi antojo. Aprendí que ella podía moldear mi realidad, podía crearme un universo, una ciudad, un bosque o una silla si así lo deseaba; y así fui alquimista del sueño llamado realidad. Con el tiempo aprendí que los caminantes que salían del lago también tenían aquella capacidad, pero aquel magnánimo poder sin ningún control se devolvía muchas veces en su contra; moldeando su realidad a la continuación de su vida, sin enterarse así que habían emergido de aquel cáliz alguna vez para conocer este nuevo limbo. Vivían así entonces, hablando con fantasmas de humo acerca del trabajo, la guerra, la cena o el amor; hasta que se encontraran nuevamente con aquel mar y sin fijarse en el camino volvían a estar adentro.

Como a todo ser omnipotente empecé a juguetear con mis propios límites: Aprendí que del sueño, la imaginación y la creatividad nacían nuevas almas, jóvenes y dichosas que se sumergían irremediablemente, sin poder conversar con ellas previamente. Me sentí dichoso y satisfecho con el poder creador adquirido, y un orgullo paternal se apoderaba de mí cada vez que creaba nuevas vidas. Jugaba a pintor, los hacía a veces similares a mí; en otros momentos buscaba nuevas combinaciones y los liberaba; y descendían como copos de nieve; brillantes y redondos como luciérnagas.
Ahora, tanto tiempo transcurrido de aquello; me encuentro ya cansado de mi soledad.
Desciendo a las aguas nuevamente y me empieza a abarcar el olvido.
Supe así que aquel había sido el principio.
 Escrito por: Daya.Dmg

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